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domingo, mayo 18, 2008

40 años del Mayo Francés


«No conozco otro episodio de la historia de Francia que me haya dejado el mismo sentimiento de irracionalidad», escribió Raymond Aron. «Lo importante es que se haya producido cuando todo el mundo lo creía impensable y, si ocurrió una vez, puede volver a ocurrir», dijo Jean-Paul Sartre.

Como la revolución francesa y las conquistas napoleónicas dos siglos antes, las revueltas estudiantiles y las huelgas masivas que sacudieron Francia en mayo del 68, a las que se refieren desde atalayas tan alejadas los dos pensadores, fracasaron finalmente en los campos de batalla, pero sus efectos cambiaron la vida de generaciones. En la crisis, huelga, protesta, contestación, efervescencia, revuelta o revolución conocida vulgarmente como el 'Mayo francés' coincidieron actores tan dispares como los universitarios desencantados por un horizonte sin futuro laboral, los trabajadores descontentos por su marginación del boom económico de los sesenta, millones de jóvenes movilizados contra la guerra de Vietnam y pueblos de los cinco continentes deseosos de libertad. El polvorín social y económico en el que prende la chispa es la sociedad opulenta denunciada por Kenneth Galbraith en 1958 y su hija pródiga, la cultura hippy.

El polvorín político fue una guerra ilegal e injusta como la de Vietnam, un Tercer Mundo recién nacido a la independencia y ahogado en la miseria, un sistema internacional partido en dos bloques enfrentados y basado en la amenaza del suicidio nuclear, y sociedades civiles embrionarias sin voz ni parte en las principales decisiones de sus gobernantes. El polvorín ideológico fue la amalgama de las corrientes antiimperialistas, anticapitalistas, neomarxistas, troskistas, castristas, maoístas, estructuralistas y freudianas que desembocan en El hombre unidimensional de Herbert Marcuse (1964) y en la Teoría Crítica de Theodor Adorno. Aunque, como señala el politólogo Fernando Vallespín en el último número de 'Foreign Policy' (edición española), la mayor parte de los protagonistas del 'Mayo francés' seguramente nunca habían leído a Galbraith, Marcuse o Adorno, eran un arsenal maduro para que prendiera la chispa de la rebelión.

Las grandes manifestaciones, protestas y huelgas tuvieron lugar entre el 3 y el 30 de mayo, pero su origen está en las reformas universitarias de 1967, que no contentaron a nadie. Un grupo de estudiantes de la Facultad de Letras de Nanterre, en las afueras de París, dirigidos por Daniel Cohn-Bendit, 'Dany el Rojo', forma un grupo —Movimiento 22 de marzo—, convoca a la movilización y aprueba un programa de reformas educativas y de exigencias políticas radicales. Cerrada su universidad y detenidos algunos de sus dirigentes, se trasladan a la Sorbona, se enfrentan a la policía en el Barrio Latino y piden ayuda a todos los sindicatos estudiantiles y obreros. Las protestas se multiplican, el centro de París se llena de barricadas y en la noche del 10 de mayo la policía lanza un asalto masivo para intentar recuperar el control. Fracasa, en el choque resultan heridas más de mil personas, cuatrocientas de ellas graves y, en respuesta, los sindicatos principales convocan una huelga general para el día 13. El seguimiento fue desigual, pero a la manifestación de París acudió el mismo día más de un millón de franceses. Las reivindicaciones estudiantiles se eclipsan y los sindicatos convocan nueva huelga general e indefinida a partir del 17 que, esta vez sí, paraliza el país. De nueve a diez millones se sumaron a ella.

«Las revueltas resultaron eficaces fuera de proporción (...) y, sin embargo, no fueron auténticas revoluciones», escribe Eric Hobsbawm en su Historia del siglo XX. «Para los trabajadores, allí donde tomaron parte en ellas, fueron sólo una oportunidad para descubrir el poder de negociación industrial que habían acumulado, sin darse cuenta, en los 20 años anteriores». Efectivamente, los estudiantes no eran revolucionarios. Al menos los del primer mundo, como señala Hobsbawm, «rara vez se interesaban en cosas tales como derrocar gobiernos y tomar el poder, aunque, de hecho, los franceses estuvieron a punto de derrocar al general De Gaulle». No lo lograron, pero el presidente De Gaulle, el 27 de mayo, concedió a los sindicatos, a cambio de desconvocar la huelga y dejar aislados a los estudiantes, un aumento salarial del 14%, reducciones sustanciales de la jornada laboral y garantías de empleo y jubilación.

Aunque algunas fábricas emblemáticas, como la Renault de Boulogne-Billancourt (6.000 trabajadores), rechaza en un primer momento el acuerdo, arrastrando con ella a otras muchas, el día 30 De Gaulle se reúne con los mandos militares, disuelve la Asamblea Nacional, convoca nuevas elecciones, confirma al Gobierno de Pompidou y pide por televisión el apoyo de los franceses «contra la amenaza del comunismo totalitario».

Fue una intervención decisiva. El plan de unión de la izquierda queda desactivado y deslegitimado hasta comienzos de los años ochenta y millones de franceses se manifiestan, cantando 'La Marsellesa', en apoyo del Gobierno. La huelga se va diluyendo, empiezan a aplicarse los acuerdos, conocidos como 'Los acuerdos de Grenelle' y el gaullismo vence en las elecciones de finales de junio. Seriamente debilitado, De Gaulle se retira al año siguiente.

La imaginación no llegó al poder, como pidió Sartre, ni las guerras dejaron paso al amor, como se pedía en los eslóganes más populares de los estudiantes. La derecha vivió Mayo del 68 y, en buena medida, lo sigue viviendo como un caos pasajero que conviene olvidar. En su campaña electoral de 2007, Nicolas Sarkozy lo identificó con la fuente de todos los males: el relativismo moral, la confusión de valores, la pérdida de autoridad, el cinismo, la irresponsabilidad y la especulación.

Gran parte de la izquierda, como recuerda uno de los principales dirigentes de la movida, Alain Touraine, sigue viéndolo como la semilla de la que han germinado muchos de los mejores avances sociales de los últimos 40 años: la liberación de la mujer en el mundo desarrollado, el protagonismo creciente de la sociedad civil, la consolidación de los derechos sindicales...

Como señaló Edgar Morin, fue más que una simple protesta, pero menos que una revolución. Mucho más radical, André Malraux insiste en ver Mayo del 68 como «una verdadera crisis de civilización».


Texto extraído de Diario El Mundo (España)
Autor: Felipe Sahagún.

sábado, noviembre 03, 2007

Bolivia

Aquella sociedad Potosina, enferma de ostentación y despilfarro, solo dejó a Bolivia la vaga memoria de sus esplendores, las ruinas de sus iglesias y palacios , y ocho millones de cadáveres de indios. Cualquiera de los diamantes incrustados en el escudo de un caballero rico valia más, al fin y al cabo que lo que un indio podía ganar en toda su vida de mitayo, pero el caballero se fugó con los diamantes. Bolivia, hoy uno de los paises más pobres del mundo, podría jactarse -si ello no resultara patéticamente inútil- de haber nutrido la riqueza de los paises más ricos. En nuestros días, Potosí es una pobre ciudad de la pobre Bolivia, "la ciudad que más ha dado al mundo y la que menos tiene.", como me dijo una vieja señora Potosina, envuelta en un kilométrico chal de lana de alpaca, cuando conversamos ante el patio andaluz de su casa de dos siglos. Esta ciudad condenada a la nostalgia, atormentada por la miseria y el frío, es todavía una herida abierta del sistema colonial en América, una acusación. El mundo tendría que empezar por pedirle disculpas.

Fragmento de "Las Venas abiertas de América Latina" por Eduardo Galeano

domingo, octubre 28, 2007

Acerca del gobierno


"El gobierno del hombre por el hombre es la esclavitud". "Quien me ponga la mano encima para gobernarme es un usurpador y un tirano. Lo declaro mi enemigo" "Ser gobernado significa ser vigilado, inspeccionado, espiado, dirigido, legislado, reglamentado, encasillado, adoctrinado, sermoneado, fiscalizado, estimado, apreciado, censurado, mandado, por seres que carecen de títulos, ciencia y virtud para ello [...]. Ser gobernado significa ser anotado, registrado, empadronado, arancelado, sellado, medido, evaluado, cotizado, patentado, licenciado, autorizado, apostillado, amonestado, contenido, reformado, enmendado, corregido, al realizar cualquier operación, cualquier transacción, cualquier movimiento. Significa, so pretexto de utilidad pública y en nombre del interés general, verse obligado a pagar contribuciones, ser inspeccionado, saqueado, explotado, monopolizado, depredado, presionado, embaucado, robado; luego, a la menor resistencia, a la primera palabra de queja, reprimido, multado, vilipendiado, vejado, acosado, maltratado, aporreado, desarmado, agarrotado, encarcelado, fusilado, ametrallado, juzgado, condenado, burlado, ridiculizado, ultrajado, deshonrado. ¡Eso es el gobierno, ésa es su justicia, esa es su moral! [...] ¡Oh, personalidad humana! ¿Cómo es posible que durante sesenta siglos hayas permanecido hundida en semejante abyección?"

Pierre Joseph Proudhon

sábado, junio 30, 2007

Leyenda Negra de la Conquista Española


Mucho se habla de los genocidios producidos por las dictaduras irracionales del siglo XX, pero pocos reparan en el genocidio indígena llevado a cabo por los conquistadores españoles y portugueses en América:
"En la isla Española, que fue la primera, como dejimos, donde entraron cristianos e comenzaron los grandes estragos e perdiciones destas gentes e que primero destruyeron y despoblaron; comenzando los cristianos a tomar las mujeres e hijos a los indios para servirse e para usar mal dellos; e comerles sus comidas que de sus sudores e trabajos salían, no contentándose con lo que los indios les daban de su grado, conforme a la facultad que cada uno tenía, que siempre es poca, porque no suelen tener más de lo que ordinariamente han menester e hacen con poco trabajo, e lo que basta para tres casas de a diez personas cada una para un mes, come un cristiano e destruye en un día; e otras muchas fuerzas e violencias e vejaciones que les hacían; comenzaron a entender los indios que aquellos hombres no debían de haber venido del cielo. Y algunos escondían sus comidas; otros sus mujeres e hijos; otros huíanse a los montes por apartarse de gente de tan dura y terrible conversación. Los cristianos dábanles de bofetadas e puñadas y de palos hasta poner las manos en los señores de los pueblos. E llegó esto a tanta temeridad y desvergüenza, que al mayor rey, señor de toda la isla, un capitán cristiano le violó por fuerza su propia mujer. De aquí comenzaron los indios a buscar maneras para echar los cristianos de sus tierras: pusiéronse en armas que son harto flacas e de poca ofensión e resistencia y menos defensa (por lo cual todas sus guerras son poco más que acá juegos de cañas e aun de niños); los cristianos con sus caballos y espadas e lanzas comienzan a hacer matanzas e crueldades extrañas en ellos. Entraban en los pueblos, ni dejaban niños ni viejos ni mujeres preñadas ni paridas que no desbarrigaban e hacían pedazos, como si dieran en unos corderos metidos en sus apriscos. Hacían apuestas sobre quién de una cuchillada abría el hombre por medio, o le cortaba la cabeza de un piquete o le descubría las entrañas. Tomaban las criaturas de las tetas de las madres, por las piernas, y daban de cabeza con ellas en las peñas. Otros daban con ellas en ríos por las espaldas, riendo e burlando e cayendo en el agua decían: bullís cuerpo de tal; otras criaturas metían a espada con las madres juntamente e todos cuantos delante de sí hallaban. Hacían unas horcas largas, que juntasen casi los pies a la tierra, e de trece en trece, a honor y reverencia de Nuestro Redemptor e de los doce apóstoles, poniéndoles leña e fuego los quemaban vivos. Otros ataban o liaban todo el cuerpo de paja seca, pegándoles fuego así los quemaban. Otros y todos los que querían tomar a vida, cortábanles ambas manos y dellas llevaban colgando, y decíanles: "Andad con cartas", conviene a saber, lleva las nuevas a las gentes que estaban huidas por los montes. Comúnmente mataban a los señores y nobles desta manera: que hacían unas parrillas de varas sobre horquetas y atábanlos en ellas y poníanles por debajo fuego manso, para que poco a poco, dando alaridos en aquellos tormentos, desesperados, se les salían las ánimas.
Una vez vide que, teniendo en las parrillas quemándose cuatro o cinco principales y señores (y aun pienso que había dos o tres pares de parrillas donde quemaban otros), y porque daban muy grandes gritos y daban pena al capitán o le impedían el sueño, mandó que los ahogasen, y el alguacil, que era peor que verdugo que los quemaba (y sé cómo se llamaba y aun sus parientes conocí en Sevilla), no quiso ahogallos, antes les metió con sus manos palos en las bocas para que no sonasen y atizóles el fuego hasta que se asaron de espacio como él quería. Yo vide todas las cosas arriba dichas y muchas otras infinitas. Y porque toda la gente que huir podía se encerraba en los montes y subía a las sierras huyendo de hombres tan inhumanos, tan sin piedad y tan feroces bestias, extirpadores y capitales enemigos del linaje humano, enseñaron y amaestraron lebreles, perros bravísimos que en viendo un indio lo hacían pedazos en un credo, y mejor arremetían a él y lo comían que si fuera un puerco. Estos perros hicieron grandes estragos y carnecerías. Y porque algunas veces, raras y pocas, mataban los indios algunos cristianos con justa razón y santa justicia, hicieron ley entre sí, que por un cristiano que los indios matasen, habían los cristianos de matar cien indios."
("Brevíssima relación de la destruyción de las Indias",por el Obispo don Bartolomé de las Casas)
fuentes:

sábado, junio 16, 2007

Dialéctica: Marxismo y Nacionalismo Alemán

Algunos dicen que la historia es cíclica, postura con la cual concuerdo, y es muy curioso y sorprendente ésto que ha sucedido con la historia socio-político-cultural con un filósofo que planteo una teoría filosófica (Dialéctica: tesis, antítesis, síntesis), de la cual salieron luego dos tendencias opuestas (Marxismo y Nacionalismo Alemán). ¿Cuál será, si es que la habrá, la síntesis superadora de esas dos tendencias?
"La preocupación de Hegel por la nacionalidad no era producto de la dialéctica sino de los mismos intereses que convertían en nacionalistas a otros alemanes que no compartían su filosofía técnica. A la inversa, la dialéctica podía ser aceptada como método si se consideraba que la historia debía culminar en la sociedad sin clases y si su dinámica estaba constituída por el antagonismo entre las clases sociales, como afirmaba Karl Marx. Reformulada como la interpretación materialista o económica de la historia, la dialéctica se convirtió en el órgano intelectual del socialismo marxista que siempre, al menos así lo afirmaba, era antinacionalista y enemigo declarado del Estado. Así se combinaban en la filosofía de Hegel dos líneas de pensamiento que después se separaron y se opusieron entre sí. Por una parte, una teoría conservadora y en general antiliberal del Estado como poder nacional y, por otra, la dialéctica que sirvió de punto de partida para un nuevo radicalismo proletario."

Fuente: Sabine, George, Historia de la Teoría Política, "XXXI: Hegel: dialéctica y nacionalismo", página 474